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Misioneros en Villa María

Los misioneros que se encuentran en Villa María nos escriben: Continuamos nuestra misión en la próxima Fazenda de Villa María, con los trabajos que se precisan realizar para dejar todo a punto para el día de la inauguración y difundiendo lo que es nuestra vida de difundir la obra. Hemos visitado algunos colegios de algunas ciudades aledañas a Morrison, por ejemplo Ordóñez e Ibiazabal. Hemos sido acompañados por el padre Fernando. Hoy queremos entregarle el testimonio de nuestro hermano Jonas:

Soy Jonas Gallardo, tengo 28 años, soy de Villa Carlos Paz. Terminé mi proceso de recuperación ya hace casi 1 año. Desde que salí de la Fazenda de la Esperanza pude conseguir un buen trabajo como mecánico y a la par asistiendo al GEV (Grupo de Esperanza Viva) de Córdoba, asistía a misa, pero sentía crecer un vacío en mi interior.

Cuando recibí la invitación para la misión, sentí una alegría muy grande, alegría que no experimentaba desde que terminé mi proceso en la Fazenda. La palabra del mes era: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré”. Pensando en esa Palabra, rezando un rosario antes para pedir permiso al jefe, él me llamó y me dijo que si yo necesitaba ir a la Fazenda, no había problemas, que me dejaba ir, que tenía su apoyo.

Desde ahí empecé a sentirme mucho mejor…

Hoy es la tercera semana de misión, descubrí la alegría de donarse gratuitamente, experimentando de nuevo el espíritu de la Fazenda: Preparar el desayuno a los hermanos, trabajar hasta cansarse “por Jesús” con frío, con calor o con todas las dificultades que se presentan.

Estoy experimentando de nuevo la alegría, mi más grande motivación es mi relación con Jesús, mi relación con mis hermanos y aportar para los más necesitados que quieren una oportunidad como lo hicieron también conmigo.

 

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La Esperanza llega a Villa María

Tal vez, ya nos hemos informado a través de nuestras unidades, Grupos de Esperanza Viva, voluntarios que, hemos comenzado una nueva misión para la apertura de una nueva unidad en Villa María – Córdoba – Argentina.

El día 14 de julio, llegaron hasta el obispado de Villa María: Analía, nuestra Regional, Monseñor Aurelio, Lucas y Mario (responsable de la Misión). Allí se firmó el traspaso por parte de la Diócesis a la Fazenda del predio que, cuenta con más o menos 34 hectáreas, más toda la infra estructura de lo que fue una escuela agrícola que albergaba a niños.

Dicho edificio cuenta con una capilla, cocina, baños, sala y dormitorios que podrán acoger a unos 60 jóvenes que llegarán con el deseo de recuperarse del flagelo de las drogas.

Los misioneros que tendrán la misión de preparar y difundir dicho evento en las Capillas, Parroquias, Medios de Comunicación Social, Escuelas, son 13: 4 de Uruguay (Luciano, Dario, Bryan y Anthony), 3 de Tucumán (Lucas, Facundo y Sebastián) 1 de Brasil (Pedro), 2 de La Rioja (Emilio y Richard), 2 de Córdoba (Jonas y Jesús) y Mario de Paraguay.

El día 22 tuvieron la visita de Monseñor Samuel Jofré Giraudo, Obispo de la Diócesis, quien pudo administrar el sacramento de la reconciliación a algunos de los jóvenes y se terminó el día con la celebración de la Eucaristía.

Pedimos nos acompañen con su oración y presencia para el día 19 de agosto, al mediodía, cuando viviremos la inauguración de la Nueva Fazenda en Villa María.

Los Misioneros

 

capilla Obispo Misioneros Firma

 

Nueva Fazenda en Argentina

MISION DE VILLA MARIA  –  MARIO VERA

La V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, reunida en Aparecida, Brasil, expresó así el sentido de la misión de la Iglesia: “La Iglesia peregrinante es misionera por naturaleza, porque toma su origen de la  misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio del Padre”[1]. Por eso, el impulso misionero es fruto necesario de la vida que la Trinidad comunica a los discípulos”[2].

La Fazenda de la Esperanza, siendo hija de la Iglesia, comprendió y vivió esto desde sus inicios. El deseo de llevar a todos este nuevo estilo de vida, basado en el Evangelio, particularmente a los tóxicos dependientes, hizo con que naciera la práctica de la “Misión”; en la que se vive la experiencia de juntar jóvenes, voluntarios, que estén dispuestos a llevar a otras regiones la experiencia de la Fazenda.

Es así como entre el 17 de julio y 19 de agosto se realizará en Villa María, Córdoba – Argentina, la misión para la apertura de una nueva Fazenda Masculina.

Queremos hacer la invitación a todos los que ya pasaron un año de recuperación por la Fazenda, voluntarios, grupos GEV, para participar de dicha misión.

Nos cuenta Marcelo Rodrigues, Responsable del Cono Sur: “Dicha Fazenda, nace por el deseo de Monseñor Samuel Jofré Giraudo, obispo de la Diócesis de Villa María, que, escuchando un discurso del Papa por el año de la misericordia, lanzando el desafío a las parroquias, diócesis, para tener alguna obra de misericordia.       (Como sabemos, este llamado del papa nació a partir de una conversación del Papa Francisco con nuestro fundador Fray Hans). Entonces, Don Samuel sintió que una cosa concreta que podía hacer era dar una respuesta al problema de la droga. Entonces, él nos buscó y conversamos sobre este proceso. Y en concreto él tenía una escuela agrícola, y pensó que allí se podría hacer concreta esa obra de misericordia. Todo esto fue fruto de ese llamado del papa, en el año de la misericordia”.

Quien será el responsable de llevar para adelante dicha misión es, Mario Vera, quien ya tuvo la experiencia de realizar alguna misión, al terminar su año de recuperación.

Por eso, hacemos la invitación a todos los que sienten el deseo de llevar esta Esperanza a tantos que necesitan. Son tantas las cosas que hemos recibido de Dios, que es bueno retribuir tanta bondad, con nuestro servicio y generosidad. No olvidemos que “Dios ama al que da con alegría” (2 Corintios 9,7).

[1] Decreto Ad Gentes – Concilio Vaticano II – Nº2

[2] Nº 347 Documento de Aparecida

 

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Misión en Acción

Mi nombre es Florencia, tengo 21 años y soy de Tucumán- Argentina. Comencé a consumir droga a partir de los 12 años. Era una mezcla de drogas, alcohol, robos…La calle me fue atrapando y era como un refugio. Pensaba que Dios me había abandonado y dejé de creer en Él.

Mi familia intentó ayudarme, después de que mi padre me encontrara drogada en la calle, casi inconsciente. Pero, yo no quería recuperarme y después de un intento de suicidio me internaron en un psiquiátrico, casi por un año. Allí  tomaba muchos medicamentos por lo que la mayor parte del tiempo estaba “dopada”.

Después de ese año tomé un poco de consciencia y me quise recuperar, sólo que era difícil y después de una discusión con mi padre me fui de la casa y dejé la clínica.

En ese tiempo conocí la Fazenda de la Esperanza porque un sacerdote me invitó a participar del grupo GEV (Grupo de Esperanza Viva). Me ofrecieron la oportunidad de poder ir a la Fazenda y llegué a la Fazenda Femenina de Villa Quilino. Allí estuve ocho meses y luego me invitaron para hacer un tiempo de formación en Brasil en donde terminé mi año de recuperación.

En la Fazenda todos los días tenemos una Palabra del Evangelio para vivir y una de las experiencias que viví fue con la Palabra: “buscar tu tesoro”. Fue en un periodo en donde le pedía a Dios el poder discernir para ver si era su voluntad el que yo realizara una misión. Y la meditación de esa palabra era de los fundadores quienes decían que, nuestro tesoro es lo que Dios nos pide, o sea hacer su voluntad. Y hablaron de las misiones.

Para mí esto fue como una respuesta y comencé a buscar esa misión donde Dios quisiera dando mi sí. No significa que porque era algo que pedía a Dios fuera después fácil de realizar; porque también fue un poco difícil dejar todo: mi familia, mi patria, cultura… fue un tiempo de aprendizaje y de ir preparándome para lo que Dios me pedía. Fue así, como poco a poco Dios me fue mostrando que ese llamado de misión era el ir a África. Entendí que mi tesoro era ese, hacer la voluntad de Dios donde más se necesita. Dejar todo, sabiendo que no iba a ser fácil, pero teniendo una actitud de donación y disponibilidad para amar.

Hoy estoy viajando a Mozambique – África, para quedarme por dos años, si así Dios lo permite. Quisiera invitar a todos a buscar en el silencio de la oración, en la vivencia de la Palabra y con la presencia de Jesús en medio, la voluntad de Dios para cada uno.  A no tener miedo, a lanzarse en la divina aventura que Dios nos tiene preparada, y poder partir al lugar donde Dios nos pida. Otros dieron su sí para ayudarme, con el nuestro podemos ayudar también a otros.

Hay un texto de la Biblia del libro del eclesiástico que me ayudaba mucho, cada vez que quería desistir y dice así:

“Hijo, si te decides a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba. Endereza tu corazón, sé firme, y no te inquietes en el momento de la desgracia. Únete al Señor y no te separes, para que al final de tus días seas enaltecido. Acepta de buen grado todo lo que te suceda, y sé paciente en las vicisitudes de tu humillación. Porque el oro se purifica en el fuego, y los que agradan a Dios, en el crisol de la humillación. Confía en él, y él vendrá en tu ayuda, endereza tus caminos y espera en él”.

Paz y Bien.

 

Florencia - Capa

 

 

Hace veinte años Padre Luis…

Con 18 años salí de la casa de mis padres buscando construir un camino nuevo. Viví en San Paulo con mis tíos, pero no era lo que tal vez esperaba. Volví para Sergipe y fui a vivir en Aracajú/SE, en donde conseguí un trabajo en un supermercado.

Comencé los estudios para entrar en la universidad. Cuando parecía que todo estaba bien, comencé a preguntarle a Dios si la vida era esta; trabajar, enamorar y casarme y me parecía que era muy poco.

Después de un encuentro de un grupo de oración en la parroquia, en Aracajú, decidí buscar al padre Mario Sivieri (hoy obispo de Propriá/ SE) para decirle que quería ser sacerdote, sentía que Dios me llamaba. Él me escuchó, me dio un libro y me dijo que volviera en 15 días.

Volví con una motivación aún mayor. Padre Mario me dio otro libro, sobre la espiritualidad de la Unidad y esta vez volví más animado, después de los 15 días, y le dije que había renunciado al trabajo. Después él me habló de la Fazenda de la Esperanza y me dijo que le gustaría que yo hiciera una experiencia, en Guaratinguetá /SP, junto a otro joven, Anderson (quien también hoy es sacerdote), y que en ese tiempo se estaba preparando. El día 17 de enero de 1990 llegamos a la Fazenda para vivir algo totalmente nuevo.

En un primer momento, el miedo. Después del recibimiento el miedo desapareció y poco a poco me fui involucrando en la vivencia de la Palabra. En cierta ocasión un joven abrió su corazón y me contó su historia de sufrimiento y pérdidas y al final, me vino un pensamiento: “si yo hubiese pasado por esto sería peor que él”. Y di gracias a Dios por todo el amor que me había dado a través de mi familia y de tantas personas, pude entender que fui muy amado y que ahora tenía el deber de amar.

Ayudé por un tiempo más en la unidad de la Fazenda que se iniciaba en Lagarto/SE y después de dos años regresé a Guaratinguetá para comenzar los estudios para ser sacerdote. Junto con el padre Anderson y el padre César, fui ordenado y enviado a Garanhuns/PE. Cada lugar tiene un desafío misionero, pero me dejé conducir por Dios que siempre tomó la iniciativa y me sostuvo en todos los momentos de dolores y alegrías, todos los días me coloco a su disposición para ser un “constructor” de esta obra.

 

Pe Luiz - capa

Hace veinte y siete años Nelson Giovanelli

Todos los días, de camino al trabajo, yo pasaba por una esquina en donde se vendía droga. Aquellos jóvenes que la frecuentaban me llamaron la atención. Me acordé de una frase de las carta a los Corintios: “Me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles” (1 Corintios 9,22). Y un día me detuve con uno de ellos y dejé que me mostrara como trenzaba las pulseras que vendía. Él comenzó a contarme toda su vida. Al final, él me dice: Por la primera vez siento que encontré un verdadero amigo.

Camino a casa sentí una alegría cono pocas veces había sentido en mi vida. Los días que siguieron, conocí por intermedio de mi nuevo amigo a todo su grupo de amigos. Al principio, se mentía cono un extraño en medio de ellos, quería salir rápido, pero me interesé por ellos, por lo que hacían, con sus vidas, sus familias. No necesitaba hablar de Dios, sin embargo, salía muy feliz de allí.

En esa esquina, viví muchas experiencias. Sabía que ellos eran los predilectos de Jesús, por lo que deseaba estar en medio de ellos. Uno de los jóvenes estaba de aniversario y, junto con mi hermana, hicimos una torta. Fue fantástico comer una torta al aire libre, en la calzada de la esquina. A otro, empresté mi bicicleta, la cual usaba para ir al trabajo y para llegar todas las noches a la esquina. Tenía consciencia que podría no devolvérmela más, pero para sorpresa mía, él la entregó limpia y con una pieza que faltaba.

Sin embargo, la alegría más grande fue cuando uno de ellos, Antonio, después de un tiempo de conversación con el grupo, me llamó aparte y dice: “… ya hace una semana que estoy intentando parar de usar drogas, es muy doloroso ver llorar a mi mamá y a toda mi familia sufrir. Yo quiero parar, pero solo es imposible, y la única persona que pasa por mi cabeza que puede ayudarme eras tú. Necesito de alguien que me acompañe 24 horas”. Yo sabía que sólo Jesús podía acompañarlo, de ese modo. Entonces, nos pusimos de acuerdo de encontrarnos al otro día, en la Parroquia, en el horario de la misa. Sentí una alegría muy grande y me acordé de la frase del Evangelio que dice: “…habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse” (Lucas 15, 7)

Al otro día, me quedé esperándolo, pero él no llegaba y mi corazón se apretaba. Entonces, entré a misa, porque yo había elegido a Dios y no a él. Para mí sorpresa, en el momento del ofertorio, él llegó y se sentó a mi lado. ¡Qué maravilloso! Desde ese día empezó nuestra aventura.

Nos encontrábamos diariamente. Su cambio de vida atrajo a los otros que frecuentaban la esquina. Decidí dar la vida por ellos para que tuviesen fuerza para recuperarse y encontrar a Dios. Y así fue.  La fuerza del amor transformó la vida de esos primeros jóvenes y, después de todos los demás que hoy buscan las Fazendas para volver a encontrar su camino de vuelta.

Nelson

 

Nelson - Capa

Hace veinte años, Ildamar…

Soy de una familia simple del interior del Estado de Sergipe. Durante muchos años, sufrimos por el alcoholismo de mi padre. Era un hombre muy bueno, pero cuando bebía se transformaba. Creo que por esto me volví una cristiana de poca fe, incluso frecuentando el grupo de jóvenes de mi parroquia y trabajando en una institución para adolescentes infractores.

Conocí la Espiritualidad del Movimiento de los Focolares precisamente en este momento de gran dolor en mi familia. Era fascinante el modo inspirado por Chiara Lubich de mirar a los otros con una mirada nueva, viendo a Jesús en cada uno y recomenzando siempre. Nunca había escuchado hablar con tanta intensidad del modo misericordioso de Jesús para tratar a cada persona. En mi primer encuentro de la Palabra de Vida, escuché que Jesús está en el otro y fue algo muy fuerte para mí. Yo lloraba mucho. Hoy, yo sé que mi padre era el primer recuperando a quien yo debería ayudar. La palabra me ayudó a evitar peleas y a ser más paciente. En todo buscaba amar a mi padre.

Fue así, que comencé a pedirle a Dios que me mostrara un lugar, aunque fuera lejos, donde pudiera servirle. Y a cambio pedí que Él  suavizara la situación en mi casa. Tengo un hermano que hoy es sacerdote y, en aquella época, hizo una experiencia en la Fazenda de la Esperanza. Volvió muy feliz y me contó que existía la parte femenina. Quedé entusiasmada y decidí el 1992, viajar a Guaratinguetá, con el fin de conocer esta nueva realidad.

Nunca había salido sola para ir tan lejos. Dejé mi familia y mi trabajo. En la Fazenda, me sentía feliz por vivir junto a las chicas que se estaban recuperando. Era como una familia. Todo muy simple, pero me hacía una persona realizada. Tenía mucha nostalgia de mi familia. Recibía malas noticias de mi papá, sin embargo, lograba superar todo. Existía un sentido nuevo en cada cosa que realizaba.

La experiencia de vivir concretamente la Palabra me hacía una persona capaz de convivir y superar la situación de dolor en mi familia. Después de algunos años, mi padre enfermó y resolví que debía cuidar de él y estar a su lado. Fue un regalo de Dios. Él partió en paz para el Paraíso.

Ya hice mis votos definitivos en la Familia de la Esperanza. En mi vida, busco hacer lo que Jesús pidió, poner la mano en el arado y no volver atrás. A pesar de mi carácter fuerte, estoy fascinada por esta vida concreta y visible del Evangelio, que transforma todo y nos hace recomenzar cada día. Estoy apasionada por el lugar que Dios pensó para mí. Quiero dar la vida por cada joven, que llega a la Fazenda, y por toda la obra. Deseo ser fiel cada día al inmenso amor que Dios tiene por mí.

Ildamar

 

Ildamar

 

Hace veinte años Padre Anderson…

UN DÍA 24 DE MAYO

El día 24 de mayo es una fecha muy significativa e importante para la Familia de la Esperanza

24 de Mayo…Fiesta de María Auxiliadora

24 de Mayo…el día en que celebramos el don de la vida de Nelson

24 de Mayo… recordamos el día de la consagración de Nelson

Habiendo recibido una carta de Chiara que le autorizaba a realizar su consagración de manos de Fray Hans, Nelson sintió en el corazón de dejar todo y tomó la decisión, en este día, 24 de mayo de 1990, consagrarse totalmente a Dios, a través del carisma y del servicio a la Fazenda de la Esperanza.

Inspirados en el testimonio de Nelson y en lo memorable de este momento, otros siete, que buscábamos nuestra vocación, decidimos también colocarnos a disposición del Reino de Dios a través de este Carisma.

Estamos hablando de César, Anderson y Luis que buscábamos realizar nuestra vocación a través del sacerdocio, y de Luci, Irací, Ildamar y Doña Ana que también hicieron el gran descubrimiento de sentirse libres de sus sueños para consagrarse totalmente a Dios.

Haciendo memoria de la fecha de consagración de Nelson, también en un día 24 de mayo de 1990, en un pueblito de Lagarto, en el Estado de Sergipe (Brasil), Anderson, César, Luis, Luci, Irací, Ildamar y Doña Ana, hicimos los Votos Privados de Castidad, Pobreza y Obediencia. En una sencilla celebración presidida por Monseñor Gino y Mario Sivieri, los siete, hicimos, en el silencio de nuestros corazones, nuestra consagración personal de forma radical de servir a Dios a través del Carisma de la Fazenda de la Esperanza, bajo la protección y bendición de María Auxiliadora.

Y así, ya son veinte años de esta divina aventura de donación a Dios, llevando la Esperanza a los excluidos y a todos los que pasan por la Fazenda de la Esperanza.

 

Pe. Anderson - Capa

 

 

Hace veinte años Luci…

Mi familia era mi más grande tesoro. Cuando en la catequesis aprendí que el primer mandamiento era amar a Dios por sobre todas las cosas, quedé muy preocupada porque amaba más a mi familia. Más aún, cuando mi padre me dijo: Fue Dios que te dio esta familia tan bonita, por eso debe amarlo por sobre todas las cosas.

Con 19 años, a través del Movimiento de los Focolares, descubrí un modo concreto de vivir el Evangelio. Sentí, muy fuerte, que debía vivir el primer mandamiento. Dios me había amado de un modo particular en este mundo. No sólo a mí y a mi familia, sino a toda la humanidad. Quería dar mi respuesta inmediatamente. Entonces, le dije a Dios: Señor, te quiero amar en primer lugar. Si quieres algo de mí, muéstrame cómo y dónde. Pero habla fuerte porque soy sorda y habla claro, porque soy burra. Di un plazo a Dios, porque quería hacer esa experiencia antes de mi casamiento.

Al día siguiente, me encontré con cinco jóvenes de la Fazenda de la Esperanza que estaban yendo en misión para abrir una nueva unidad en Maranhão, con Nelson, mi sobrino. Les pedí que contaran sus experiencias a un grupo de jóvenes de la Parroquia en la cual yo participaba. Una de las jóvenes preguntó por qué sólo existía Fazenda para hombres y no para mujeres. Nelson respondió que no había, porque no tenían a ninguna valiente que quisiera dar su vida a Jesús, en un trabajo como ese. En aquel momento, sentí claramente que Dios estaba respondiendo mi pedido. Fue cono si no existiese nadie más en esa sala, sólo yo y Él. Allí Él me estaba mostrando cómo y dónde podía ser su instrumento y colocarlo en primer lugar en mi vida.

Recibí una llamada telefónica de una senadora conocida colocándome al tanto de una joven de 15 años, que necesitaba de ayuda para dejar las drogas. Llamé a Guaratinguetá y supe que todavía no había comenzado la parte femenina. Marqué una entrevista con Vera. Así se llamaba la joven, y ahí entendí que Dios me llamaba. Dejé mi familia, mi novio, mi lavandería, mis amigos y mi tierra y, el 4 de noviembre de 1988, junto con Irací, recibimos a las primeras chicas, en un pequeño apartamento.  Mi intención era la de quedarme tres meses en Guaratinguetá (SP) para dar comienzo al centro femenino y volver para casarme. Pero decidí quedarme en la Fazenda. Encontré mi vocación, me consagré a Dios y veo que, por medio de su misericordia, Él hace renacer para Él un incontable número de hijos e hijas, en tantos lugares. Yo siempre fui feliz, pero hoy soy más feliz de lo que era antes.

Luci

 

Luci - Capa

Hace veinte años Ana María…

Mi nombre es Ana María, soy de Lagarto (Sergipe). Con 23 años me casé, tuve cinco hijos, y luego, por motivos de separación vine a vivir a Guaratinguetá por una invitación de mi hermano João Rosendo, papá de Nelson.

Impartí catequesis durante ocho años en la Parroquia Nuestra Señora de la Gloria. Después acompañé toda la trayectoria de apertura de la Fazenda de la Esperanza masculina y, cinco años después de la Fazenda Femenina.

Nelson e Irací me invitaron para ayudar. Yo en ese momento me encontraba sola, pues mis hijos habían formado sus familias y acepté. Comencé enseñando lo que sabía, coser, bordar, pintar y hasta cocinar.

En un principio pasaba todo el día en la Fazenda y en la noche regresaba a mi casa y Fray Hans siempre me preguntaba por qué no vivía en la Fazenda. Más tarde tomé la decisión de irme a vivir a la Fazenda, fue todo muy rápido y comencé ayudando en la coordinación.

Yo hacía parte del Consejo y tuvimos una asamblea en la Fazenda de Lagarto y en una de las reuniones se veía la posibilidad que Nelson realizara sus votos definitivos y Luci e Irací iban a ser los primeros votos, en una pequeña iglesia de María Auxiliadora, en una granja de mis padres. En ese encuentro Fray Hans me pregunto de “cuándo yo me iba a decidir”.

Yo sentía ese deseo de consagrarme, pero pensaba en el hecho que había estado casada, separada, madre de cinco hijos, era imposible. Pero, cuando Fray Hans me dijo que podía ser, fue una explosión dentro de mí y di mi si en ese mismo instante. Hoy soy una consagrada, feliz y realizada.

 

Dona Ana - Capa