Archivo por meses: mayo 2017

Hace veinte y siete años Nelson Giovanelli

Todos los días, de camino al trabajo, yo pasaba por una esquina en donde se vendía droga. Aquellos jóvenes que la frecuentaban me llamaron la atención. Me acordé de una frase de las carta a los Corintios: “Me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles” (1 Corintios 9,22). Y un día me detuve con uno de ellos y dejé que me mostrara como trenzaba las pulseras que vendía. Él comenzó a contarme toda su vida. Al final, él me dice: Por la primera vez siento que encontré un verdadero amigo.

Camino a casa sentí una alegría cono pocas veces había sentido en mi vida. Los días que siguieron, conocí por intermedio de mi nuevo amigo a todo su grupo de amigos. Al principio, se mentía cono un extraño en medio de ellos, quería salir rápido, pero me interesé por ellos, por lo que hacían, con sus vidas, sus familias. No necesitaba hablar de Dios, sin embargo, salía muy feliz de allí.

En esa esquina, viví muchas experiencias. Sabía que ellos eran los predilectos de Jesús, por lo que deseaba estar en medio de ellos. Uno de los jóvenes estaba de aniversario y, junto con mi hermana, hicimos una torta. Fue fantástico comer una torta al aire libre, en la calzada de la esquina. A otro, empresté mi bicicleta, la cual usaba para ir al trabajo y para llegar todas las noches a la esquina. Tenía consciencia que podría no devolvérmela más, pero para sorpresa mía, él la entregó limpia y con una pieza que faltaba.

Sin embargo, la alegría más grande fue cuando uno de ellos, Antonio, después de un tiempo de conversación con el grupo, me llamó aparte y dice: “… ya hace una semana que estoy intentando parar de usar drogas, es muy doloroso ver llorar a mi mamá y a toda mi familia sufrir. Yo quiero parar, pero solo es imposible, y la única persona que pasa por mi cabeza que puede ayudarme eras tú. Necesito de alguien que me acompañe 24 horas”. Yo sabía que sólo Jesús podía acompañarlo, de ese modo. Entonces, nos pusimos de acuerdo de encontrarnos al otro día, en la Parroquia, en el horario de la misa. Sentí una alegría muy grande y me acordé de la frase del Evangelio que dice: “…habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse” (Lucas 15, 7)

Al otro día, me quedé esperándolo, pero él no llegaba y mi corazón se apretaba. Entonces, entré a misa, porque yo había elegido a Dios y no a él. Para mí sorpresa, en el momento del ofertorio, él llegó y se sentó a mi lado. ¡Qué maravilloso! Desde ese día empezó nuestra aventura.

Nos encontrábamos diariamente. Su cambio de vida atrajo a los otros que frecuentaban la esquina. Decidí dar la vida por ellos para que tuviesen fuerza para recuperarse y encontrar a Dios. Y así fue.  La fuerza del amor transformó la vida de esos primeros jóvenes y, después de todos los demás que hoy buscan las Fazendas para volver a encontrar su camino de vuelta.

Nelson

 

Nelson - Capa

Hace veinte años, Ildamar…

Soy de una familia simple del interior del Estado de Sergipe. Durante muchos años, sufrimos por el alcoholismo de mi padre. Era un hombre muy bueno, pero cuando bebía se transformaba. Creo que por esto me volví una cristiana de poca fe, incluso frecuentando el grupo de jóvenes de mi parroquia y trabajando en una institución para adolescentes infractores.

Conocí la Espiritualidad del Movimiento de los Focolares precisamente en este momento de gran dolor en mi familia. Era fascinante el modo inspirado por Chiara Lubich de mirar a los otros con una mirada nueva, viendo a Jesús en cada uno y recomenzando siempre. Nunca había escuchado hablar con tanta intensidad del modo misericordioso de Jesús para tratar a cada persona. En mi primer encuentro de la Palabra de Vida, escuché que Jesús está en el otro y fue algo muy fuerte para mí. Yo lloraba mucho. Hoy, yo sé que mi padre era el primer recuperando a quien yo debería ayudar. La palabra me ayudó a evitar peleas y a ser más paciente. En todo buscaba amar a mi padre.

Fue así, que comencé a pedirle a Dios que me mostrara un lugar, aunque fuera lejos, donde pudiera servirle. Y a cambio pedí que Él  suavizara la situación en mi casa. Tengo un hermano que hoy es sacerdote y, en aquella época, hizo una experiencia en la Fazenda de la Esperanza. Volvió muy feliz y me contó que existía la parte femenina. Quedé entusiasmada y decidí el 1992, viajar a Guaratinguetá, con el fin de conocer esta nueva realidad.

Nunca había salido sola para ir tan lejos. Dejé mi familia y mi trabajo. En la Fazenda, me sentía feliz por vivir junto a las chicas que se estaban recuperando. Era como una familia. Todo muy simple, pero me hacía una persona realizada. Tenía mucha nostalgia de mi familia. Recibía malas noticias de mi papá, sin embargo, lograba superar todo. Existía un sentido nuevo en cada cosa que realizaba.

La experiencia de vivir concretamente la Palabra me hacía una persona capaz de convivir y superar la situación de dolor en mi familia. Después de algunos años, mi padre enfermó y resolví que debía cuidar de él y estar a su lado. Fue un regalo de Dios. Él partió en paz para el Paraíso.

Ya hice mis votos definitivos en la Familia de la Esperanza. En mi vida, busco hacer lo que Jesús pidió, poner la mano en el arado y no volver atrás. A pesar de mi carácter fuerte, estoy fascinada por esta vida concreta y visible del Evangelio, que transforma todo y nos hace recomenzar cada día. Estoy apasionada por el lugar que Dios pensó para mí. Quiero dar la vida por cada joven, que llega a la Fazenda, y por toda la obra. Deseo ser fiel cada día al inmenso amor que Dios tiene por mí.

Ildamar

 

Ildamar

 

Hace veinte años Padre Anderson…

UN DÍA 24 DE MAYO

El día 24 de mayo es una fecha muy significativa e importante para la Familia de la Esperanza

24 de Mayo…Fiesta de María Auxiliadora

24 de Mayo…el día en que celebramos el don de la vida de Nelson

24 de Mayo… recordamos el día de la consagración de Nelson

Habiendo recibido una carta de Chiara que le autorizaba a realizar su consagración de manos de Fray Hans, Nelson sintió en el corazón de dejar todo y tomó la decisión, en este día, 24 de mayo de 1990, consagrarse totalmente a Dios, a través del carisma y del servicio a la Fazenda de la Esperanza.

Inspirados en el testimonio de Nelson y en lo memorable de este momento, otros siete, que buscábamos nuestra vocación, decidimos también colocarnos a disposición del Reino de Dios a través de este Carisma.

Estamos hablando de César, Anderson y Luis que buscábamos realizar nuestra vocación a través del sacerdocio, y de Luci, Irací, Ildamar y Doña Ana que también hicieron el gran descubrimiento de sentirse libres de sus sueños para consagrarse totalmente a Dios.

Haciendo memoria de la fecha de consagración de Nelson, también en un día 24 de mayo de 1990, en un pueblito de Lagarto, en el Estado de Sergipe (Brasil), Anderson, César, Luis, Luci, Irací, Ildamar y Doña Ana, hicimos los Votos Privados de Castidad, Pobreza y Obediencia. En una sencilla celebración presidida por Monseñor Gino y Mario Sivieri, los siete, hicimos, en el silencio de nuestros corazones, nuestra consagración personal de forma radical de servir a Dios a través del Carisma de la Fazenda de la Esperanza, bajo la protección y bendición de María Auxiliadora.

Y así, ya son veinte años de esta divina aventura de donación a Dios, llevando la Esperanza a los excluidos y a todos los que pasan por la Fazenda de la Esperanza.

 

Pe. Anderson - Capa

 

 

Hace veinte años Luci…

Mi familia era mi más grande tesoro. Cuando en la catequesis aprendí que el primer mandamiento era amar a Dios por sobre todas las cosas, quedé muy preocupada porque amaba más a mi familia. Más aún, cuando mi padre me dijo: Fue Dios que te dio esta familia tan bonita, por eso debe amarlo por sobre todas las cosas.

Con 19 años, a través del Movimiento de los Focolares, descubrí un modo concreto de vivir el Evangelio. Sentí, muy fuerte, que debía vivir el primer mandamiento. Dios me había amado de un modo particular en este mundo. No sólo a mí y a mi familia, sino a toda la humanidad. Quería dar mi respuesta inmediatamente. Entonces, le dije a Dios: Señor, te quiero amar en primer lugar. Si quieres algo de mí, muéstrame cómo y dónde. Pero habla fuerte porque soy sorda y habla claro, porque soy burra. Di un plazo a Dios, porque quería hacer esa experiencia antes de mi casamiento.

Al día siguiente, me encontré con cinco jóvenes de la Fazenda de la Esperanza que estaban yendo en misión para abrir una nueva unidad en Maranhão, con Nelson, mi sobrino. Les pedí que contaran sus experiencias a un grupo de jóvenes de la Parroquia en la cual yo participaba. Una de las jóvenes preguntó por qué sólo existía Fazenda para hombres y no para mujeres. Nelson respondió que no había, porque no tenían a ninguna valiente que quisiera dar su vida a Jesús, en un trabajo como ese. En aquel momento, sentí claramente que Dios estaba respondiendo mi pedido. Fue cono si no existiese nadie más en esa sala, sólo yo y Él. Allí Él me estaba mostrando cómo y dónde podía ser su instrumento y colocarlo en primer lugar en mi vida.

Recibí una llamada telefónica de una senadora conocida colocándome al tanto de una joven de 15 años, que necesitaba de ayuda para dejar las drogas. Llamé a Guaratinguetá y supe que todavía no había comenzado la parte femenina. Marqué una entrevista con Vera. Así se llamaba la joven, y ahí entendí que Dios me llamaba. Dejé mi familia, mi novio, mi lavandería, mis amigos y mi tierra y, el 4 de noviembre de 1988, junto con Irací, recibimos a las primeras chicas, en un pequeño apartamento.  Mi intención era la de quedarme tres meses en Guaratinguetá (SP) para dar comienzo al centro femenino y volver para casarme. Pero decidí quedarme en la Fazenda. Encontré mi vocación, me consagré a Dios y veo que, por medio de su misericordia, Él hace renacer para Él un incontable número de hijos e hijas, en tantos lugares. Yo siempre fui feliz, pero hoy soy más feliz de lo que era antes.

Luci

 

Luci - Capa

Hace veinte años Ana María…

Mi nombre es Ana María, soy de Lagarto (Sergipe). Con 23 años me casé, tuve cinco hijos, y luego, por motivos de separación vine a vivir a Guaratinguetá por una invitación de mi hermano João Rosendo, papá de Nelson.

Impartí catequesis durante ocho años en la Parroquia Nuestra Señora de la Gloria. Después acompañé toda la trayectoria de apertura de la Fazenda de la Esperanza masculina y, cinco años después de la Fazenda Femenina.

Nelson e Irací me invitaron para ayudar. Yo en ese momento me encontraba sola, pues mis hijos habían formado sus familias y acepté. Comencé enseñando lo que sabía, coser, bordar, pintar y hasta cocinar.

En un principio pasaba todo el día en la Fazenda y en la noche regresaba a mi casa y Fray Hans siempre me preguntaba por qué no vivía en la Fazenda. Más tarde tomé la decisión de irme a vivir a la Fazenda, fue todo muy rápido y comencé ayudando en la coordinación.

Yo hacía parte del Consejo y tuvimos una asamblea en la Fazenda de Lagarto y en una de las reuniones se veía la posibilidad que Nelson realizara sus votos definitivos y Luci e Irací iban a ser los primeros votos, en una pequeña iglesia de María Auxiliadora, en una granja de mis padres. En ese encuentro Fray Hans me pregunto de “cuándo yo me iba a decidir”.

Yo sentía ese deseo de consagrarme, pero pensaba en el hecho que había estado casada, separada, madre de cinco hijos, era imposible. Pero, cuando Fray Hans me dijo que podía ser, fue una explosión dentro de mí y di mi si en ese mismo instante. Hoy soy una consagrada, feliz y realizada.

 

Dona Ana - Capa

Hace veinte años Padre César…

Una consagración a ser esperanza

Hoy temprano me di cuenta que cumplo 20 años de consagrado. Primeramente sentí una alegría;  luego sentí prisa – pues los chicos me esperaban para celebrar la eucaristía, que claro, tendría este tono de agradecimiento por el sí de Nelson. Hace tantos años que siempre vivo el día 24 de mayo bendiciendo y alabando a Dios por la vida de Nelson y por su sí, tan importante para todos nosotros y para mí personalmente, él siempre fue modelo de mi vocación.

Pero hoy algo fue diferente. En la misa mañanera me di cuenta. Fue haciendo el sermón que entendí que hoy el sí de Nelson trajo en su esencia un sí que incluía en primero lugar a Luci y a Irací. ¡Era un sí triple! Sentí que hoy había algo de especial en el aire.

En el tiempo y en la historia tardarán como que 7 años para que Luci e Irací declarasen lo que ya vivían. Pero en Dios ese sí ya existía. El sí, para que fuera completo, tendría que ser de la parte masculina y de la parte femenina. Los días 24 de mayo de 1990 y 24 de mayo de 1997 son en realidad el mismo día, en la eternidad y en el carisma de la esperanza.  Eso me lleno de alegría, porque mí “sí” como consagrado trae dos lados: un masculino y otro femenino.

Fue escuchando el audio que Luci mandó a Picos, que “se me cayó el 20”. Cuando Luci explicaba sus 20 años de vida consagrada recordando la vida de Santa Clara, se me quedó claro que toda vida consagrada tiene un aspecto masculino y otro femenil. Como en San Francisco y en Santa Clara. Se tardaran algunos años para que Santa Clara abandonara todo para seguir las huellas de San Francisco. Eso no significa que ella sería menos que él, sino que el carisma necesitaba de tiempo para expresar el otro lado de su esencia.

Igualmente con nosotros. En la esencia el sí de Lucí e Irací no es menos que el sí de Nelson. ¡Ellos se complementan! Y entender eso me llevo a la contemplación pues entendí que dentro de mi tengo un sí completo, que involucra un grande Sí. Tengo un carisma que es completo, no le falta nada. Mi consagración es completa en todos los niveles humano y divino.

Que gran responsabilidad… a través de mi sí, tengo que traducir con mi consagración un carisma que es completo en sí mismo, que es una potencia do Espíritu, capaz de realizarme y capaz de transformar el mundo por causa de la esperanza.

Pues sí, una consagración a la esperanza. Por eso tiene que ser completo. Yo tengo que ser completo. A obra toda tiene que ser completa. Mi consagración abraza el mundo, de modo especial los que están lejos de la gran esperanza… Tengo que tener un alma-mundo. Nelson tiene un alma-mundo. Luci tiene un corazón que abraza el mundo. Irací tiene un corazón que transforma el mundo. La esperanza quiere abrazar el mundo.

La responsabilidad histórica de los consagrados es muy grande. Mi responsabilidad es muy grande. La historia nos la va a cobrar. Pero si Dios nos llamó a ser vírgenes, nos dará la fuerza de realizar esa consagración –  y lo que el mundo espera de ella: ¡la esperanza!

Perdón, mí querida madrecita, Nuestra Madre Auxiliadora… Porqué hoy que es tu día, te quiero invocar como la Nuestra Señora de la Esperanza. Es que mi corazón se llena de alegría porque tú nos ayudas a comprender todo eso, tú que eres la primera consagrada de la historia.

Madre de la esperanza, ruega por nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

Padre César

 

Hace veinte años Irací…

Cuando Fray Hans llegó a la Parroquia yo tenía 30 años, sentía una profunda inquietud y el compartir sus experiencias de la vivencia del Evangelio me tocó a mí y a otros más. Comencé a participar de la comunidad que nacía y a participar de la misa todos los días. Visitábamos a los pobres y a los enfermos, llevábamos alimentos, conversábamos y cantábamos con ellos, dejándolos felices. Ayudábamos en el ropero de la Obra Social: lavábamos la ropa, cosíamos, colocábamos los botones.  Yo también trabajaba en el Banco, en donde me ofrecieron un puesto mejor, pero no acepté porque quería tener tiempo, había descubierto un tesoro, que no podía perder.

Yo sufría con la separación de mis padres. Fray Hans me habló del amor misericordioso de Jesús en la Cruz y que yo debería ser cono Él, un brazo abierto para mi papá y otro para mi mamá. Así, comencé a amarlos de una manera nueva. Cuando estaba con mi papá, cocinaba para él, salíamos a caminar, cuidaba de sus pies, escuchaba cuando él leía libros para mí. Y con mi mamá, veía televisión, la llevaba a pasear en auto, arreglaba la casa como ella gustaba. Y guardaba las quejas de cada uno en mi corazón. Con el tiempo, ellos se liberaron del resentimiento que tenían en sus corazones heridos. El amor misericordioso unió mi corazón.

Se mentía muy amada por Dios y Él iba encaminando todo. Luci Rosendo vino de Sergipe para comenzar la parte femenina de la Fazenda de la Esperanza. Me di cuenta de que ella vivía el mismo ideal cuando vi cómo curaba los pies de un vagabundo, con cariño, en una pieza pequeña, en la que apestaba el mal olor. Yo vivía todavía con mi mamá, a quien amaba con gran ternura. Con sus 74 años, ella esperaba que yo fuese quien la cuidara en su vejez.  Sin embargo, para comenzar con Luci yo tenía que dejarla.  Ella me pidió que esperase a que a ella muriera primero.  Pero, el llamado de Dios para seguirlo era fuerte y a pesar de su sufrimiento, ella me dijo: Si Dios te llama, anda. Nunca me arrepentí. Dios cuidó de mi mamá, quien se acercó más a Él, se volvió más alegre, se hizo de amigos y cuando Dios la llamó todos estábamos juntos.

Luci y yo no teníamos experiencia con las drogas. Cuando no sabíamos enfrentar alguna situación, Dios nos iluminaba con la frase del Evangelio de Juan 14, 21: “A quien me ama me manifestaré”. El amor fue la regla para vivir con ellas y ayudarlas. En la comunidad vivimos la comunión de bienes. Fue natural colocar en común todo lo que había ahorrado y el salario mensual.

La vida en comunidad siempre fue muy bonita, pero no siempre fácil.  Especialmente, en un periodo en que mi lado negativo se colocó en evidencia. Mis defectos me hacían sufrir y a toda la comunidad. En este proceso de conversión tuve la oportunidad de vivir: “Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto” (Juan 12,24). Sentí la Misericordia de Dios y su gratuidad. Él me conocía, antes que yo misma y que todos; y me llamó, me eligió y me purificó. Experimenté la sensación del abandono, del rechazo, pero cono nunca sentía el amor misericordioso de Dios que me envolvía, sostenía y me hacía caminar.

El día 24 de mayo de 1997, éramos siete, en una pequeña Iglesia, quienes consagrábamos a Dios nuestra vida, al servicio de los que sufren, los preferidos de Dios.

Irací

 

 

Irací - Cópia

Descubrir nuestra Vocación…

Hola, mi nombre es Franklin, tengo 31 años y soy de San Paulo. Viví mi año de recuperación desde noviembre de 2015 a noviembre 2016 en el Centro Masculino de Guaratinguetá, San Paulo.

Tengo la gracia de estar participando en la Escuela Misionera Internacional en donde más de 57 jóvenes estamos viviendo la experiencia de convivir con los fundadores por un período de tres meses por Europa, con un único objetivo: llevar la esperanza a estos países que actualmente pasan por momentos difíciles en un frio alejamiento de Dios. En Roma arrastramos a cuantos pasaban a nuestro lado con nuestro carisma y testimonio de Esperanza. Y con visitas a lugares de suma importancia para nuestra historia como Iglesia.

En Asís pudimos sentir la espiritualidad de San Francisco y Santa Clara, de la cual está impregnada toda esa hermosa ciudad.

También pudimos visitar el Centro del Movimiento de los Focolares en Rocca di Papa, conociendo la casa de Chiara Lubich, su fundadora, y luego, pudimos participar de un gran evento en la Mariápolis Renata en Loppiano en donde tuvimos la hermosa oportunidad de entregar nuestro testimonio.

Estamos entrando en nuestro primer mes y estamos en la Fazenda de Wittivil, Suiza, viviendo con nuestros hermanos de aquí.

Para mí, hasta ahora, la más grande experiencia fue la de poder conocer los lugares en donde Francisco vivió y poder tener un momento dentro del santuario de su despojamiento. Allí tuve la oportunidad de compartir mi testimonio en la Iglesia Santa María la Mayor, en donde sentí muy fuerte dentro de mi corazón de dejar todo lo que yo poseía como planes académicos y profesionales, para seguir en este camino de donación completa de mi vida a Dios.  Ahora logro entender el real motivo de nuestra misión, que es la de descubrir nuestra vocación personal aquí en este presente que estamos viviendo y nos damos cuenta que este llamado es mucho más grande de lo que nosotros podíamos imaginar.

Gracias a nuestros fundadores y embajadores de la esperanza que de alguna manera contribuyeron para que esta experiencia se pudiera concretizar.

¡Paz y Bien!

 

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Construir Familia en el mundo

Mi nombre es Priscila, voluntaria de Argentina, y estoy participando de la Escuela Misionera Internacional. Para mi estos dias fue vivir la experiencia de agrandar la “Familia”, de llegar con mis hermanas a esta nueva Fazenda a entregar todo nuestro amor, para que crear el clima de hogar…el mismo que encuentra cualquiera que llega a alguna de nuestras Fazendas.

Creo que ese deseo se pudo plasmar, al ver con que alegria e ilusión, llegaban las personas a la inauguración de la primera Fazenda Femenina en Francia, ellos se quedaba maravillados con la calidez, y  alegria… en definitiva, con la presencia de Jesus en medio de todos.

No bastaban las palabras, solo una mirada, un gesto y la intención de querer compartir desde las pocas lineas que sabíamos del idioma, hasta el fuego mas intenso que sentía cada una por dentro, desbordante por salir y dar a conocer como Dios nos había amado dentro de esta obra…era lo único…era todo…era lo que bastaba…

Muchos miembros de la comunidad, al presenciar y sentir esto, no dudaron en ponerse al lado de cada una e intentar transmitir en los idiomas que sabían, todo lo que teníamos dentro…

Como siempre, ÉL con un simple “si” de cada persona, hizo de este encuentro una verdadera fiesta en Familia, con su diversidad de culturas, lenguas, costumbres, pero siempre con el idioma de su Amor en medio, como el mejor instrumento para crear esa Unidad única que se vivió, festejando que una nueva “Esperanza” nacía para esta comunidad.

 

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Peregrinación en camino…

Continúan llegando noticias de nuestros jóvenes que se encuentran en la Misión Internacional por Europa. Maríana de México nos envía algunas noticias.

Jueves 4 de mayo:  Debido al cansancio físico del viaje del día anterior tuvimos la mañana libre para descansar y organizar todo. En la tarde comenzamos con los preparativos para la inauguración de la Fazenda Femenina en Francia. Esta Fazenda fue donada por la diócesis, con la casa ya toda amoblada. La Providencia de Dios nunca falta. Fuimos muy amados por la comunidad y recibimos una donación de alimentos que serán usados en la fiesta de inauguración del domingo.

Viernes 5 de mayo: Para crear un poco de armonía en el Jardín, transportamos los escombros fuera de la Fazenda y preparamos la tiera para plantar nuevas flores. Después del trabajo tuvimos un momento de descanso y pudimos conocer dos grutas y una cascada.

Sábado 6 de Mayo

Este día, todas comprometidas con la organización de la inauguración de la Fazenda, comenzamos con los preparativos para el día siguiente, cuando sería la inauguración. Recibimos providencia, con la cual preparamos la comida para todos los que llegarán. Também nos preocupamos en decorar el grande y lindo jardín que fue donado.

El Domingo 8, nuestro día comenzó con una linda meditación realizada por Fray Hans, ya que tuvimos la gracia de recibir su visita junto con la de Nelson. Después continuamos con los preparativos para la fiesta que comenzaría a las 16:00 hrs. con un café.

Llegada la hora nos preparamos para recibir las visitas, entre las cuales habían personas de distintas comunidades católicas, algunas de origen brasilero. Desde un comienzo teníamos la preocupación por la comunicación, pues, no sabíamos hablar francés.  Sin embargo, logramos comunicarnos de muchas formas, que dieron pie a vivir experiencias muy bonitas.

La misa fue presidida por el Obispo del Lugar, Dominique Rey.  Ya después del comienzo de la Misa tuvimos la oportunidad de contar la historia de la Fazenda, hecha por los fundadores y el testimonio de la filipina Sharee.  La experiencia fue tan intensa que tocó los corazones de los presentes.

Al final de la Misa todo fuimos invitados para compartir la merienda, y concluímos este gran día, demostrando que toda vida tiene Esperanza. Y ahora con el gran desafío de ser testimonios de luz para todos aquellos que buscan renacer a una vida nueva.

Estamos conscientes que Dios cuenta con nuestra disponibilidad para responder al llamado que él nos hizo a la vida misionera, despertando en los corazones de muchos la certeza de la misericordia y la inmensidad del amor de Dios.

 

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