Archivo por meses: junio 2017

Nueva Fazenda en Argentina

MISION DE VILLA MARIA  –  MARIO VERA

La V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, reunida en Aparecida, Brasil, expresó así el sentido de la misión de la Iglesia: “La Iglesia peregrinante es misionera por naturaleza, porque toma su origen de la  misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio del Padre”[1]. Por eso, el impulso misionero es fruto necesario de la vida que la Trinidad comunica a los discípulos”[2].

La Fazenda de la Esperanza, siendo hija de la Iglesia, comprendió y vivió esto desde sus inicios. El deseo de llevar a todos este nuevo estilo de vida, basado en el Evangelio, particularmente a los tóxicos dependientes, hizo con que naciera la práctica de la “Misión”; en la que se vive la experiencia de juntar jóvenes, voluntarios, que estén dispuestos a llevar a otras regiones la experiencia de la Fazenda.

Es así como entre el 17 de julio y 19 de agosto se realizará en Villa María, Córdoba – Argentina, la misión para la apertura de una nueva Fazenda Masculina.

Queremos hacer la invitación a todos los que ya pasaron un año de recuperación por la Fazenda, voluntarios, grupos GEV, para participar de dicha misión.

Nos cuenta Marcelo Rodrigues, Responsable del Cono Sur: “Dicha Fazenda, nace por el deseo de Monseñor Samuel Jofré Giraudo, obispo de la Diócesis de Villa María, que, escuchando un discurso del Papa por el año de la misericordia, lanzando el desafío a las parroquias, diócesis, para tener alguna obra de misericordia.       (Como sabemos, este llamado del papa nació a partir de una conversación del Papa Francisco con nuestro fundador Fray Hans). Entonces, Don Samuel sintió que una cosa concreta que podía hacer era dar una respuesta al problema de la droga. Entonces, él nos buscó y conversamos sobre este proceso. Y en concreto él tenía una escuela agrícola, y pensó que allí se podría hacer concreta esa obra de misericordia. Todo esto fue fruto de ese llamado del papa, en el año de la misericordia”.

Quien será el responsable de llevar para adelante dicha misión es, Mario Vera, quien ya tuvo la experiencia de realizar alguna misión, al terminar su año de recuperación.

Por eso, hacemos la invitación a todos los que sienten el deseo de llevar esta Esperanza a tantos que necesitan. Son tantas las cosas que hemos recibido de Dios, que es bueno retribuir tanta bondad, con nuestro servicio y generosidad. No olvidemos que “Dios ama al que da con alegría” (2 Corintios 9,7).

[1] Decreto Ad Gentes – Concilio Vaticano II – Nº2

[2] Nº 347 Documento de Aparecida

 

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Misión en Acción

Mi nombre es Florencia, tengo 21 años y soy de Tucumán- Argentina. Comencé a consumir droga a partir de los 12 años. Era una mezcla de drogas, alcohol, robos…La calle me fue atrapando y era como un refugio. Pensaba que Dios me había abandonado y dejé de creer en Él.

Mi familia intentó ayudarme, después de que mi padre me encontrara drogada en la calle, casi inconsciente. Pero, yo no quería recuperarme y después de un intento de suicidio me internaron en un psiquiátrico, casi por un año. Allí  tomaba muchos medicamentos por lo que la mayor parte del tiempo estaba “dopada”.

Después de ese año tomé un poco de consciencia y me quise recuperar, sólo que era difícil y después de una discusión con mi padre me fui de la casa y dejé la clínica.

En ese tiempo conocí la Fazenda de la Esperanza porque un sacerdote me invitó a participar del grupo GEV (Grupo de Esperanza Viva). Me ofrecieron la oportunidad de poder ir a la Fazenda y llegué a la Fazenda Femenina de Villa Quilino. Allí estuve ocho meses y luego me invitaron para hacer un tiempo de formación en Brasil en donde terminé mi año de recuperación.

En la Fazenda todos los días tenemos una Palabra del Evangelio para vivir y una de las experiencias que viví fue con la Palabra: “buscar tu tesoro”. Fue en un periodo en donde le pedía a Dios el poder discernir para ver si era su voluntad el que yo realizara una misión. Y la meditación de esa palabra era de los fundadores quienes decían que, nuestro tesoro es lo que Dios nos pide, o sea hacer su voluntad. Y hablaron de las misiones.

Para mí esto fue como una respuesta y comencé a buscar esa misión donde Dios quisiera dando mi sí. No significa que porque era algo que pedía a Dios fuera después fácil de realizar; porque también fue un poco difícil dejar todo: mi familia, mi patria, cultura… fue un tiempo de aprendizaje y de ir preparándome para lo que Dios me pedía. Fue así, como poco a poco Dios me fue mostrando que ese llamado de misión era el ir a África. Entendí que mi tesoro era ese, hacer la voluntad de Dios donde más se necesita. Dejar todo, sabiendo que no iba a ser fácil, pero teniendo una actitud de donación y disponibilidad para amar.

Hoy estoy viajando a Mozambique – África, para quedarme por dos años, si así Dios lo permite. Quisiera invitar a todos a buscar en el silencio de la oración, en la vivencia de la Palabra y con la presencia de Jesús en medio, la voluntad de Dios para cada uno.  A no tener miedo, a lanzarse en la divina aventura que Dios nos tiene preparada, y poder partir al lugar donde Dios nos pida. Otros dieron su sí para ayudarme, con el nuestro podemos ayudar también a otros.

Hay un texto de la Biblia del libro del eclesiástico que me ayudaba mucho, cada vez que quería desistir y dice así:

“Hijo, si te decides a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba. Endereza tu corazón, sé firme, y no te inquietes en el momento de la desgracia. Únete al Señor y no te separes, para que al final de tus días seas enaltecido. Acepta de buen grado todo lo que te suceda, y sé paciente en las vicisitudes de tu humillación. Porque el oro se purifica en el fuego, y los que agradan a Dios, en el crisol de la humillación. Confía en él, y él vendrá en tu ayuda, endereza tus caminos y espera en él”.

Paz y Bien.

 

Florencia - Capa

 

 

Hace veinte años Padre Luis…

Con 18 años salí de la casa de mis padres buscando construir un camino nuevo. Viví en San Paulo con mis tíos, pero no era lo que tal vez esperaba. Volví para Sergipe y fui a vivir en Aracajú/SE, en donde conseguí un trabajo en un supermercado.

Comencé los estudios para entrar en la universidad. Cuando parecía que todo estaba bien, comencé a preguntarle a Dios si la vida era esta; trabajar, enamorar y casarme y me parecía que era muy poco.

Después de un encuentro de un grupo de oración en la parroquia, en Aracajú, decidí buscar al padre Mario Sivieri (hoy obispo de Propriá/ SE) para decirle que quería ser sacerdote, sentía que Dios me llamaba. Él me escuchó, me dio un libro y me dijo que volviera en 15 días.

Volví con una motivación aún mayor. Padre Mario me dio otro libro, sobre la espiritualidad de la Unidad y esta vez volví más animado, después de los 15 días, y le dije que había renunciado al trabajo. Después él me habló de la Fazenda de la Esperanza y me dijo que le gustaría que yo hiciera una experiencia, en Guaratinguetá /SP, junto a otro joven, Anderson (quien también hoy es sacerdote), y que en ese tiempo se estaba preparando. El día 17 de enero de 1990 llegamos a la Fazenda para vivir algo totalmente nuevo.

En un primer momento, el miedo. Después del recibimiento el miedo desapareció y poco a poco me fui involucrando en la vivencia de la Palabra. En cierta ocasión un joven abrió su corazón y me contó su historia de sufrimiento y pérdidas y al final, me vino un pensamiento: “si yo hubiese pasado por esto sería peor que él”. Y di gracias a Dios por todo el amor que me había dado a través de mi familia y de tantas personas, pude entender que fui muy amado y que ahora tenía el deber de amar.

Ayudé por un tiempo más en la unidad de la Fazenda que se iniciaba en Lagarto/SE y después de dos años regresé a Guaratinguetá para comenzar los estudios para ser sacerdote. Junto con el padre Anderson y el padre César, fui ordenado y enviado a Garanhuns/PE. Cada lugar tiene un desafío misionero, pero me dejé conducir por Dios que siempre tomó la iniciativa y me sostuvo en todos los momentos de dolores y alegrías, todos los días me coloco a su disposición para ser un “constructor” de esta obra.

 

Pe Luiz - capa