Para ser un pueblo de Pascua

“Para ser un pueblo de Pascua”[1]

Queridísimos:

Se acerca Pascua, la fiesta más grande del año, y con ella la Semana Santa, desbordante de los misterios más preciosos de la vida de Jesús.

Estos misterios se recuerdan sobre todo el jueves, el viernes, el sábado santo y el domingo de Resurrección y representan para nosotros otros tantos aspectos centrales de nuestra espiritualidad. Estos son: la entrega del Mandamiento Nuevo, la institución del sacerdocio y de la Eucaristía, la oración por la unidad, la muerte de Jesús Abandonado en la cruz, la Desolada y el Resucitado.

Los celebraremos con la Iglesia a través de la santa liturgia, pero ya que el nuestro es un “camino de la vida” nos preparamos para honrarlos también con nuestra vida.

Pero ¿cómo podremos revivir al menos un poco misterios tan numerosos y profundos? Nos basta uno solo de ellos para encender en nuestra alma la meditación, para llevarla a la contemplación. Nos basta uno solo para santificarnos, lo sabemos.

Tenemos, además, en el patrimonio de nuestra espiritualidad varios documentos sobre uno y otro aspecto. Hemos escrito para nuestra edificación algunos pequeños libros que enriquecen la ya extremadamente rica literatura sobre cada argumento: “La caridad como ideal”, que profundiza el Mandamiento Nuevo; “Hombres al servicio de todos”, que nos revela qué es el sacerdocio para Jesús y para la Iglesia; “La Eucaristía”; “La unidad y Jesús Abandonado” y varios otros de profundización sobre María en su desolación, sobre Jesús Resucitado…

Entonces, ¿qué podemos vivir en el aproximarse la Semana Santa y durante esos benditos días?

Pienso que si vivimos la Pascua, es decir, si dejamos vivir al Resucitado entre nosotros, tenemos el mejor modo de vivirlos todos.

Para que el Resucitado resplandezca entre nosotros, debemos amar a Jesús Abandonado y estar siempre -como decimos nosotros- “más allá de su llaga”, donde la caridad es reina. Luego, es ella la que nos impulsa a ser el Mandamiento Nuevo en acción; la que nos impulsa a acercarnos a la Eucaristía, la cual alimenta esta caridad divina en nuestro corazón y nos transforma en lo que recibimos como alimento, que es Jesús Resucitado. Es la caridad la que nos lleva a vivir la unidad con Dios y con los hermanos. Es por la caridad como podemos ser, en cierto modo, ‘otra’ María.

Sí, no se pueden vivir mejor los varios aspectos de la vida de Jesús recordados durante la Semana Santa que proponiéndonos hacer que viva en cada momento el Resucitado entre nosotros.

Esto queremos proponerles y esto tratamos de vivir.

Así, todos juntos seremos, realmente ese “Pueblo de Pascua” que a alguien le pareció entrever en nuestro Movimiento.

De este modo podremos entender mejor la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús que nos vuelve a presentar la liturgia.

Ésta es una renovación de todo nuestro ser, como miembros de la Obra de María, que nos hace ser menos indignos de llevar al mundo nuestro Ideal.

Chiara Lubich

(Sierre 24 de marzo de 1994)

[1] C. Lubich, Un pueblo de santos, Madrid 2001, p. 14 – 16.

 

Chiara

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