Hace veinte años Padre César…

Una consagración a ser esperanza

Hoy temprano me di cuenta que cumplo 20 años de consagrado. Primeramente sentí una alegría;  luego sentí prisa – pues los chicos me esperaban para celebrar la eucaristía, que claro, tendría este tono de agradecimiento por el sí de Nelson. Hace tantos años que siempre vivo el día 24 de mayo bendiciendo y alabando a Dios por la vida de Nelson y por su sí, tan importante para todos nosotros y para mí personalmente, él siempre fue modelo de mi vocación.

Pero hoy algo fue diferente. En la misa mañanera me di cuenta. Fue haciendo el sermón que entendí que hoy el sí de Nelson trajo en su esencia un sí que incluía en primero lugar a Luci y a Irací. ¡Era un sí triple! Sentí que hoy había algo de especial en el aire.

En el tiempo y en la historia tardarán como que 7 años para que Luci e Irací declarasen lo que ya vivían. Pero en Dios ese sí ya existía. El sí, para que fuera completo, tendría que ser de la parte masculina y de la parte femenina. Los días 24 de mayo de 1990 y 24 de mayo de 1997 son en realidad el mismo día, en la eternidad y en el carisma de la esperanza.  Eso me lleno de alegría, porque mí “sí” como consagrado trae dos lados: un masculino y otro femenino.

Fue escuchando el audio que Luci mandó a Picos, que “se me cayó el 20”. Cuando Luci explicaba sus 20 años de vida consagrada recordando la vida de Santa Clara, se me quedó claro que toda vida consagrada tiene un aspecto masculino y otro femenil. Como en San Francisco y en Santa Clara. Se tardaran algunos años para que Santa Clara abandonara todo para seguir las huellas de San Francisco. Eso no significa que ella sería menos que él, sino que el carisma necesitaba de tiempo para expresar el otro lado de su esencia.

Igualmente con nosotros. En la esencia el sí de Lucí e Irací no es menos que el sí de Nelson. ¡Ellos se complementan! Y entender eso me llevo a la contemplación pues entendí que dentro de mi tengo un sí completo, que involucra un grande Sí. Tengo un carisma que es completo, no le falta nada. Mi consagración es completa en todos los niveles humano y divino.

Que gran responsabilidad… a través de mi sí, tengo que traducir con mi consagración un carisma que es completo en sí mismo, que es una potencia do Espíritu, capaz de realizarme y capaz de transformar el mundo por causa de la esperanza.

Pues sí, una consagración a la esperanza. Por eso tiene que ser completo. Yo tengo que ser completo. A obra toda tiene que ser completa. Mi consagración abraza el mundo, de modo especial los que están lejos de la gran esperanza… Tengo que tener un alma-mundo. Nelson tiene un alma-mundo. Luci tiene un corazón que abraza el mundo. Irací tiene un corazón que transforma el mundo. La esperanza quiere abrazar el mundo.

La responsabilidad histórica de los consagrados es muy grande. Mi responsabilidad es muy grande. La historia nos la va a cobrar. Pero si Dios nos llamó a ser vírgenes, nos dará la fuerza de realizar esa consagración –  y lo que el mundo espera de ella: ¡la esperanza!

Perdón, mí querida madrecita, Nuestra Madre Auxiliadora… Porqué hoy que es tu día, te quiero invocar como la Nuestra Señora de la Esperanza. Es que mi corazón se llena de alegría porque tú nos ayudas a comprender todo eso, tú que eres la primera consagrada de la historia.

Madre de la esperanza, ruega por nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

Padre César

 

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