Hace veinte y siete años Nelson Giovanelli

Todos los días, de camino al trabajo, yo pasaba por una esquina en donde se vendía droga. Aquellos jóvenes que la frecuentaban me llamaron la atención. Me acordé de una frase de las carta a los Corintios: “Me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles” (1 Corintios 9,22). Y un día me detuve con uno de ellos y dejé que me mostrara como trenzaba las pulseras que vendía. Él comenzó a contarme toda su vida. Al final, él me dice: Por la primera vez siento que encontré un verdadero amigo.

Camino a casa sentí una alegría cono pocas veces había sentido en mi vida. Los días que siguieron, conocí por intermedio de mi nuevo amigo a todo su grupo de amigos. Al principio, se mentía cono un extraño en medio de ellos, quería salir rápido, pero me interesé por ellos, por lo que hacían, con sus vidas, sus familias. No necesitaba hablar de Dios, sin embargo, salía muy feliz de allí.

En esa esquina, viví muchas experiencias. Sabía que ellos eran los predilectos de Jesús, por lo que deseaba estar en medio de ellos. Uno de los jóvenes estaba de aniversario y, junto con mi hermana, hicimos una torta. Fue fantástico comer una torta al aire libre, en la calzada de la esquina. A otro, empresté mi bicicleta, la cual usaba para ir al trabajo y para llegar todas las noches a la esquina. Tenía consciencia que podría no devolvérmela más, pero para sorpresa mía, él la entregó limpia y con una pieza que faltaba.

Sin embargo, la alegría más grande fue cuando uno de ellos, Antonio, después de un tiempo de conversación con el grupo, me llamó aparte y dice: “… ya hace una semana que estoy intentando parar de usar drogas, es muy doloroso ver llorar a mi mamá y a toda mi familia sufrir. Yo quiero parar, pero solo es imposible, y la única persona que pasa por mi cabeza que puede ayudarme eras tú. Necesito de alguien que me acompañe 24 horas”. Yo sabía que sólo Jesús podía acompañarlo, de ese modo. Entonces, nos pusimos de acuerdo de encontrarnos al otro día, en la Parroquia, en el horario de la misa. Sentí una alegría muy grande y me acordé de la frase del Evangelio que dice: “…habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse” (Lucas 15, 7)

Al otro día, me quedé esperándolo, pero él no llegaba y mi corazón se apretaba. Entonces, entré a misa, porque yo había elegido a Dios y no a él. Para mí sorpresa, en el momento del ofertorio, él llegó y se sentó a mi lado. ¡Qué maravilloso! Desde ese día empezó nuestra aventura.

Nos encontrábamos diariamente. Su cambio de vida atrajo a los otros que frecuentaban la esquina. Decidí dar la vida por ellos para que tuviesen fuerza para recuperarse y encontrar a Dios. Y así fue.  La fuerza del amor transformó la vida de esos primeros jóvenes y, después de todos los demás que hoy buscan las Fazendas para volver a encontrar su camino de vuelta.

Nelson

 

Nelson - Capa

2 pensamientos en “Hace veinte y siete años Nelson Giovanelli

  1. Jorge Alberto González

    Tengo un hijo de 41 adicto, con muchos años y muchos tratamientos, hoy me pide iniciar otro. Le sugerí uds. espero que me conteste. Ruego tener suerte, de todas maneras, me gustaría colaborar con uds. Gracias. Saludos

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