Hace veinte años Padre Luis…

Con 18 años salí de la casa de mis padres buscando construir un camino nuevo. Viví en San Paulo con mis tíos, pero no era lo que tal vez esperaba. Volví para Sergipe y fui a vivir en Aracajú/SE, en donde conseguí un trabajo en un supermercado.

Comencé los estudios para entrar en la universidad. Cuando parecía que todo estaba bien, comencé a preguntarle a Dios si la vida era esta; trabajar, enamorar y casarme y me parecía que era muy poco.

Después de un encuentro de un grupo de oración en la parroquia, en Aracajú, decidí buscar al padre Mario Sivieri (hoy obispo de Propriá/ SE) para decirle que quería ser sacerdote, sentía que Dios me llamaba. Él me escuchó, me dio un libro y me dijo que volviera en 15 días.

Volví con una motivación aún mayor. Padre Mario me dio otro libro, sobre la espiritualidad de la Unidad y esta vez volví más animado, después de los 15 días, y le dije que había renunciado al trabajo. Después él me habló de la Fazenda de la Esperanza y me dijo que le gustaría que yo hiciera una experiencia, en Guaratinguetá /SP, junto a otro joven, Anderson (quien también hoy es sacerdote), y que en ese tiempo se estaba preparando. El día 17 de enero de 1990 llegamos a la Fazenda para vivir algo totalmente nuevo.

En un primer momento, el miedo. Después del recibimiento el miedo desapareció y poco a poco me fui involucrando en la vivencia de la Palabra. En cierta ocasión un joven abrió su corazón y me contó su historia de sufrimiento y pérdidas y al final, me vino un pensamiento: “si yo hubiese pasado por esto sería peor que él”. Y di gracias a Dios por todo el amor que me había dado a través de mi familia y de tantas personas, pude entender que fui muy amado y que ahora tenía el deber de amar.

Ayudé por un tiempo más en la unidad de la Fazenda que se iniciaba en Lagarto/SE y después de dos años regresé a Guaratinguetá para comenzar los estudios para ser sacerdote. Junto con el padre Anderson y el padre César, fui ordenado y enviado a Garanhuns/PE. Cada lugar tiene un desafío misionero, pero me dejé conducir por Dios que siempre tomó la iniciativa y me sostuvo en todos los momentos de dolores y alegrías, todos los días me coloco a su disposición para ser un “constructor” de esta obra.

 

Pe Luiz - capa

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